Caracas, 10 de marzo de 2017.- Reconocido como el “Pintor de Iberoamérica” por el Premio Internacional José Martí, tal día como hoy muere en la ciudad de Baltimore, estado de Maryland en Estados Unidos (EEUU), el insigne pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. Nacido en Quito el 6 de julio de 1919 quien desde su juventud se destacó por las impresiones humanistas que reflejó en sus obras, obteniendo premios en su natal Ecuador.

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Fuente: guayasamin.org

A sus 36 años le fue otorgado el Gran Premio de la Bienal Hispanoamericana de Arte en Barcelona y más tarde del Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo. Su obra humanista, señalada como expresionista, refleja el dolor y la miseria que soporta la mayor parte de la humanidad y denuncia la violencia que signó al ser humano en el siglo XX durante las guerras mundiales, las guerras civiles, los genocidios, los campos de concentración, las dictaduras, las torturas.

Sus obras han sido exhibidas en los museos más renombrados de América, y en muchas ciudades de Europa, entre ellas París, Leningrado (L´Ermitage), Moscú, Praga, Roma, Madrid, Barcelona, Varsovia.

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Fuente: guayasamin.org

En 1971 fue elegido presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. En 1976 crea la Fundación Guayasamín, en Quito, a la que dona su obra y sus colecciones de arte, ya que concibe el arte como un patrimonio de los pueblos.

Fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de España en 1978 y un año después, elegido miembro de honor de la Academia de Artes de Italia.

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Fuente: guayasamin.org

En 1982 se inauguró en España, en el Aeropuerto de Barajas de Madrid un mural de 120 metros pintado por Guayasamín. Ese gran mural, elaborado con acrílicos y polvo de mármol, está dividido en dos partes: una de ellas dedicada a España y la otra a Hispanoamérica.

 

A continuación una serie de frases del artista:

  • Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace en contra del Hombre.

  • De pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad fuimos testigos de la más inmensa miseria: pueblos de barro negro, en tierra negra, con niños embarrados de lodo negro; hombres y mujeres con rostros de piel quemada por el frío, donde las lágrimas estaban congeladas por siglos, hasta no saber si eran de sal o eran de piedra.
  • Quiero mostrar a estos dos hombres distintos, el pasado y el futuro, en esta lucha presente.
  • La pesadilla del hombre que se extiende, el miedo a una guerra atómica, el  terror y la muerte que siembran las dictaduras militares, la injusticia social que abre una herida cada vez más profunda, la discriminación racial que destroza y mata; están carcomiendo lenta y duramente el espíritu de los hombres en la tierra.
  • La vieja y lejana esperanza de paz es todavía puntal que nos sostiene en nuestra angustia.
  • Si no tenemos la fuerza de estrechar nuestras manos con las manos de todos, si no tenemos la ternura de tomar en nuestros brazos los niños del mundo, si no tenemos la voluntad de limpiar la tierra de todos los ejércitos; este pequeño planeta será un cuerpo seco y negro, en el espacio negro.
  • Yo sé que los ejemplos de tortura física y mental, de crímenes cotidianos, son más o menos conocidos. Pero hay otra forma de tortura o crimen oficial, menos visible, menos conocida, pero más devastadora, que apunta al mismo objetivo: la destrucción de nuestro pueblos, aniquilando nuestra cultura, convirtiéndolos en consumidores de productos y conceptos elaborados a miles de kilómetros de nuestros países, en esa guerra total que el fascismo ha declarado, una vez más, a la cultura.

Y una pequeña muestra de su prolífica obra:

Mural de Botero y Guayasmin. / Fuente: guayasamin.org
Mural de Botero y Guayasmin. / Fuente: guayasamin.org

 

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Óleo sobre tela: “Niña llorando”/ Fuente guayasamin.org
Óleo sobre tela: "La vieja" /Fuente guayasamin.org
Óleo sobre tela: “La vieja” /Fuente guayasamin.org