Caracas, 17 de julio de 2017.- La venezolana Teresa Carreño Noguera se despidió de la fotografía, luego de tres décadas de trabajo y éxitos, con su exhibición Tierra de Nadie: memorias de un genocidio, inaugurada el viernes 14 de julio en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Fundación Museos Nacionales.

La también corresponsal de guerra expresó ante los asistentes: “Debo confesar que esta exposición es una gran ocasión para despedirme de la fotografía… de 30 años de mi profesión… para despedirme de un ciclo de  mi vida”, reseña una nota del sitio web del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

En la muestra, con curaduría de Mariano Figuera, el MAC expone dos series de imágenes que registran el dolor y horror vivido durante los conflictos bélicos de Boznia-Herzegovina y Kosovo, durante el último lustro del siglo pasado: “La idea es que el público se acerque al tema bélico para alejarse de la guerra, porque es un escenario que se debe evitar”, dijo.

Carreño Noguera, retratista de una dilatada trayectoria, sostuvo que un comunicador no puede dar la espalda ni a la injusticia social ni a la historia.

El público establecerá un diálogo con el flagelo de la guerra, en medio de la cotidianidad trastocada de quienes intentaron seguir adelante durante la guerra fratricida de la antigua Yugoslavia, donde enfrentaron la adversidad de diferentes formas: bien al trabajar la tierra, al ir a la escuela o huyendo,  escenarios vistos desde la perspectiva particular de Carreño.

La sala 8 del MAC sirve de escenario para esta exhibición, donde se exponen anécdotas como la de una peluquera que siguió cortando cabello a los soldados; una niña que no durmió toda una noche emocionada porque alguien registraría el  sufrimiento de su pueblo; la adopción de una huérfana albanesa de 8 años por el gobierno alemán o la anciana que no sabía que había guerra porque no salía de su casa donde tenía todo en un huerto.

Carreño destacó que su línea de investigación está inmersa en un universo profundamente humano, es vital el sentir del inmigrante, los refugiados y los clandestinos, a la par que desarrolló trabajos como Colores de madre y la Historia de Bryan, en la cual hurga en el maltrato de género.

Parte de su obra la donó a instituciones del despacho Cultural venezolano, como la Biblioteca Nacional de Venezuela, el Museo de Bellas Artes y el Centro Nacional de Fotografía. Otra parte su trabajo está en Italia.

La artista precisó que su pasión por la fotografía nació cuando tenía 23 años, y registró una erupción del volcán Etna, a partir de esas primeras fotos entendió cuál sería su proyecto de vida.

Agradeció la carga ética y humanística que le imprimió su escuela Ricardo Bauer, en Italia, donde “me transmitieron no sólo la fotografía sino la vocación por este arte”. /XN