NIño jesus Curiepa

Afros

El fortalecimiento familiar, comunitario y social que caracteriza el período navideño en Venezuela encuentra en el Niño Jesús su máxima expresión. En los pueblos afrovenezolanos, sobre todo de la región barloventeña, sucede de igual forma, pero se advierte una distinción importante dada la apropiación religiosa que han hecho estos pueblos del dogma católico impuesto desde tiempos coloniales.

Los curieperos han fundamentado su vida sociopolítica en la religión, que en principio tuvo uso “práctico” para garantizar la estabilidad física del asentamiento que a partir de 1721 se convertiría en uno de los primeros pueblos fundados por “negros libres” en América.

La relación dominación-resistencia entre europeos, africanos y amerindios generó procesos de imposición, asimilación y -a su vez- de apropiación y creación cultural que condujeron la organización, como dice Juan Pablo Sojo, de un paralelismo “cristiano” desde los elementos de cultura africana, para lograr injerencia y autonomía en los espacios socio-religiosos de los que los curieperos comenzaban a formar parte, dada la relación de ciudadanía que estos intentaban forjar, al posicionarse como súbditos del rey en condición de libertad durante el período esclavista. Este paralelismo nunca pretendió constituirse de forma desarticulada, oculta o enmascarada; al contrario, la institucionalidad católica fue “necesaria” para la persistencia física y cultural de Curiepe, delineando sus futuras formas de adscripción en la sociedad envolvente.

La trilogía

Conjuntamente con San Juan Congo y San Juan Bautista, la figura del Niño Jesús de Curiepe es un marcador de las identidades políticas actuales del curiepero, siendo éstos iconos de gran importancia dentro del amplio santoral existente en este pueblo afrovenezolano.

Las formas de devoción se manifiestan de maneras distintas, a pesar incluso de sus espacios ceremoniales: “los velorios”, los toques de tambores o los cantos. Cada imagen evoca una racionalidad distinta, que moldea las diversas formas que tienen los curieperos para relacionarse con los “otros” que asisten a las celebraciones, produciéndose así modos también disímiles de situarse, reafirmarse y definirse.

Por ejemplo, las características actuales que posee el evento alrededor de San Juan Bautista, tornan la celebración de un carácter global y externo, debido a que acuden visitantes de todas partes de Venezuela y del mundo. El “velorio” de San Juan Congo por su lado, media la relación entre los propios curieperos y entre los afrovenezolanos, dado el origen intrínseco y volitivo que tiene esta imagen para el pueblo, al haber sido un santo negro mandado a elaborar por los propios curieperos. Y finalmente, el peregrinaje del Niño Jesús, permite que Curiepe se encuentre, se conecte y se sitúe ante los pueblos vecinos, en nombre de la hermandad que propicia la fe en la imagen, de modo que las relaciones sociopolíticas que el curiepero establece con los “otros”, se fundamentan en el ámbito religioso.

El pueblo curiepero y El Niño Jesús

El pueblo barloventeño de Curiepe se ha caracterizado por la marcada injerencia y consecuente negociación que sobre la imagen del Niño Jesús y los eventos que asociados a esta se ejecutan. Ejemplo de ello es el mantenimiento a lo largo de gran parte de su historia del peregrinaje del Niño Jesús a los caseríos y pueblos de la zona centro-norte costera del país.

Dichos lazos socioculturales se realizan desde la conciencia afrovenezolana de sus pobladores, permitiendo la actualización de las redes de solidaridad, reciprocidad y alianza entre los propios curieperos, y entre Curiepe y otros pueblos. Así, el Niño Jesús es un componente identitario y de resistencia cultural. Es una fe “en nosotros mismos”, como protagonistas del sentir y pensar afrovenezolano.

Todos los diciembres el Niño Jesús se reencuentra con su pueblo, Curiepe, luego de un recorrido en el que se tejen lazos socioculturales que enfatizan el carácter integrativo de la religión para los afrodescendientes. En 2009, luego de su prohibición por más de 30 años, los jóvenes retomaron la peregrinación del Niño Jesús de Curiepe al pueblo hermano de La Sabana.

La práctica epistolar apegada a la legislación institucional que emplearon los jóvenes curieperos para recuperar el peregrinaje del Santo Patrono es la viva herencia del capitán Juan del Rosario Blanco, fundador de Curiepe, quien en el siglo XVIII negoció con las autoridades coloniales para lograr la inserción social de este pueblo afrovenezolano a la estructura sociopolítica, usando la propia lógica legal del régimen colonial, para fundar un pueblo de “negros libres” en 1721, estando aún vigente el sistema esclavista.

Pero aunque de vez en cuando los hermanos se peleen y vivan nuevos desencuentros como en todas las familias, y a pesar de que la imagen este año 2016, el Niño no fue a La Sabana, la fe sigue siendo la excusa para reencontrarse y los “sabaneros” cruzan las fronteras de su pueblo para llevarle una vela al santo milagroso.

El Niño Jesús de Curiepe se convierte en un tejedor de culturas y nos permite entender a la diáspora africana desde la agencia y no desde el mito de la pasividad; reconociendo que las acciones de los africanos y sus descendientes han estado orientadas siempre hacia la construcción de su historia y de su cultura desde la libertad como motor existencial.   /EM