Hécate vieja y sabia, por Mariadela Villanueva

Antes de entrarle a un tema que pienso merece un estudio profundo quiero aclarar que, aunque no practico ninguna religión, creo en la espiritualidad del ser humano y respeto a quienes profesan una fe y actúan coherentemente en función de sus principios.

La Nación que hoy en día conocemos como Venezuela fue asaltada hace más de 500 años por la Iglesia española y, a pesar de la multi-religiosidad hoy existente, sigue tomada por la religión católica y por otras sectas también cristianas de origen dudoso. ¿Quiere eso decir que los venezolanos somos practicantes serios y responsables, como correspondería a un país donde las referencias a Dios y las bendiciones, surgen a diario y en cualquier ambiente? Pues yo me atrevo a decir que NO.

Sirva de ejemplo la religión católica: Los jerarcas locales traicionan tranquilamente al credo que dicen representar. Sentados a la diestra del dios dinero (no de Dios Padre) desconocen las prédicas del Cristo que expulsó a los mercaderes del templo y dedicó su vida a los pobres. Desechan la inefabilidad del Papa Francisco y se hacen los sordos o lo contradicen descaradamente cuando afirma que “Son los comunistas los que piensan como … Cristo” o que “El Capitalismo es el terrorismo en contra de toda la humanidad”. Además, estoy segura que tampoco lo acompañan en sus oraciones para que Dios defienda de todo tipo de colonizaciones a la Patria Grande de Bolívar y Martí.

Pero lo más grave es que utilizan su inexistente autoridad moral y las instituciones a su cargo para engañar a quienes, de buena fe o por tradición, creen en su palabra. Sin ninguna ética, mezclan el discurso religioso con el político, con el fin de captar adeptos a su causa y reducen las contradicciones sociales a falsos conflictos entre buenos y malos, en los que los malos (a exterminar) siempre son los otros, los distintos.

Vaciando de contenido las enseñanzas de Cristo, ponen a Dios en boca de fascistas, racistas, ladrones, corruptos y de toda clase de personajes sórdidos. Manipulan a feligreses sencillos para que acepten con humildad su posición social desventajosa, para que tomen sus derechos como dádivas o caridad y para que confundan el ejercicio de su soberanía con pecado y desobediencia.

De allí que cuando algunos de ellos reciben cualquier beneficio por parte del Gobierno agradecen ingenuamente a Dios y no al Presidente Nicolás Maduro quien, a pesar de estar bajo asedio constante, está dando continuidad a las Misiones para ir satisfaciendo progresivamente, y hasta donde es posible, derechos constitucionales irrenunciables.

La religión es una opción o un refugio respetable, mientras se quede en el plano espiritual y personal. Hay que estar consciente de que los amos del poder y las mafias de todo tipo siempre se han valido de la ingenuidad y religiosidad de las masas para consolidar su dominación.  /EM

mariadelav@gmail.com
Caracas