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¿Quiénes son esas tales Apakuana, Hipólita y Matea? ¿Por qué esas mujeres se han ganado el mérito de entrar al Panteón Nacional para acompañar a Simón Bolívar? Son las interrogantes de ciertas personas, renuentes a la incorporación de personajes históricamente invisibilizados, a este espacio “sagrado”, donde no se concebía la inclusión de mujeres, y de afros e indígenas mucho menos.

Estas insignes mujeres, de una manera u otra en diferentes momentos, hicieron sus aportes para la libertad e independencia de Venezuela. Apakuana, líder indígena guerrera Quiriquire, en los años mil quinientos organizó y guió el alzamiento exitoso de su pueblo contra los españoles, liberando lo que es actualmente Los Valles del Tuy y Tácata.

En los casos de Hipólita y Matea Bolívar, las negras esclavas de la familia Bolívar, cuyos apellidos se deben a la tradición esclavista de “marcar” su propiedad, son muchas las confusiones que existen.

Ambas fueron las responsables no solo de criar y cuidar a Simón Bolívar en su infancia, sino también se encargaron de sus primeros años de formación. Antes que a Simón Rodríguez y Andrés Bello, el pequeño Simón tuvo como maestras a estas dos mujeres negras, quienes le sembraron los principios de amor, respeto, lealtad, solidaridad, igualdad y deseos de libertad.

Hipólita y Matea acompañaron a Simón Bolívar, el héroe de Suramérica, en mayor o menor grado durante toda su vida, sobre todo durante su infancia, período en el que se amoldó su espíritu, su carácter, su modo de ser y actuar como futuro Libertador.

Hipólita, esclavizada en la hacienda “El Ingenio”, feudo de los Bolívar en San Mateo, tenía 20 años de edad y recién había parido un hijo, cuando nació Simon José Antonio de la Santísima Trinidad, aquí en Caracas. La madre de Simón José Antonio Concepción Palacios y Blanco siempre tuvo una salud muy frágil, de modo que cuando nació Simón, le fue imposible amamantarlo, entonces los Bolívar trajeron a Hipólita, recién parida y con leche abundante para amamantar al niño. Hipólita se encarga de manera abnegada a su cuidado y enseñanza convirtiéndose, como el mismo Simón lo dijera muchos años después, en su padre y madre.

Por otro lado, la Negra Matea, tenía apenas 10 años cuando nació Simón. Dicen que cuando fueron a bautizar a Simón, fue Matea quien lo llevó en brazos hasta la pila bautismal, lo acompañó cuando dio sus primeros pasos, era su compañera de juegos en Capaya, Caracas y San Mateo. Ambas, en diferentes momentos, acompañaron a Bolívar en la gesta independentista.

Ahora, en 2017, Hipólita y Matea, primeras fervientes bolivarianas, reciben el merecido el honor de acompañar a su niño Simón en el Panteón Nacional. Junto con ellas, asciende también la jefa indígena Apakuana. Mujeres negras e indígenas dignificadas y visibilizadas en tiempos de Revolución.

Matea

Simpática muchachita compañera del niño Simón.

Vivió tanto y tanto, pasó de los cien,
para esperar al héroe fallecido en Colombia
y recuperado para la patria venezolana.