¿Traición o engaño?, por Alberto Aranguibel
Arribamos a un nuevo 23 de enero y reaparece en el debate político la idea de si es correcto o no asumir como una traición aquel secuestro de la democracia perpetrado por las cúpulas de los partidos de aquel oprobioso estatus, AD, Copei y URD.
En términos estrictamente semánticos, el concepto de “traición” se refiere a la deslealtad que alguien comete contra sus propios principios o compañeros de lucha, lo cual, en este particular, no es de ninguna manera el caso.
No puede hablarse de “traición” como explicación a aquel bochornoso fenómeno del entreguismo y la persecución y el exterminio político sistemático disfrazado de democracia, porque ello sería reconocerle injustamente a esa pérfida cúpula puntofijista el inmerecido mérito de haber tenido en algún momento una intención de liberar a la Patria que jamás tuvieron.
Aquello no fue nunca una desviación de unos principios de independencia y de soberanía, sino la cristalización desde un primer momento de un plan -perversa y meticulosamente concebido- para favorecer los intereses del imperio.
El Pacto de Punto fijo se urdió desde mucho antes incluso de caer la dictadura, en por lo menos dos reuniones sostenidas por Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, con altos jerarcas del gobierno y de la banca privada norteamericanos, entre los que se encontraban el entonces vicepresidente Richard Nixon y el magnate Nelson Rockefeller, lo que demuestra que jamás estuvo en la mente de esos dirigentes políticos la idea de la verdadera redención del pueblo venezolano o de la reafirmación de la soberanía nacional frente al imperio, tal como se constató dolorosamente a lo largo de cuatro décadas de políticas entreguistas generadoras de hambre y miseria entre nuestro pueblo después de firmado el pacto.
Un auténtico convenio para el saqueo del país cuyo proyecto persiguen hoy completar los líderes de la misma derecha de aquel entonces, convertida en generación de relevo de esos partidos entreguistas. Lo que explica perfectamente y sin lugar a duda alguna, tanto empeño del imperio norteamericano por imponerlos en el poder a como dé lugar sin importarles para nada la legítima voluntad del pueblo venezolano.
Aquello no fue nunca una traición sino un asqueroso y brutal engaño.
Alberto Aranguibel / @SoyAranguibel / (Publicado en ÚN)
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